Después de casi un mes en la
universidad, es oficial.
Los viernes son mi peor día.
Yo sé que para muchos es el día
sagrado, representa el comienzo del fin de semana, de un descanso bien merecido,
de noches de fiesta u oportunidad de hacer todas las tareas que dejaste para el último
(Lo cual ha sido mi caso últimamente) pero para mí esa idea comienza después del
mediodía. Cuando pude sobrevivir a mi clase de “Desarrollo de habilidades de
lectura” sin cabecear o no sentir pesadez en los ojos. Lo cual solo ha pasado,
a lo mucho, tres veces.
Gracias a esta desastrosa clase me comencé
a interrogar.
¿La literatura es mi camino?
No me malinterpreten; no pienso
dejar mi carrera y salir huyendo a los brazos de alguna ingeniería, no es para
tanto, tampoco. Pero si comparo a Brenda de quince años con Brenda de dieciocho
(casi diecinueve) hay una diferencia abismal, claro, solo me estoy concentrado
en un aspecto de todos los que me conforman y es, obviamente, la lectura.
En estos días no encontrado un
libro que me haya emocionado, conmovido, robado toda mi atención, fascinado y
eso me preocupa. Me hace preguntar si tome el camino correcto, si en verdad la
literatura es mi pasión o es algo que me hice creer por mucho tiempo para tener
un lugar o solo me cuestiono todo esto porque temo por mi futuro o simplemente
mi mente ha estado tan dispersa que no es más que un bloque de lector lo que estoy
viviendo.
Si no me he vuelto loca con todo
este asunto es por una sencilla razón, la biblioteca. Hace unos días fui a
primera hora en busca de libros sobre los Bombardeos atómicos sobre Hiroshima y
Nagasaki, termine sentada con los pies cruzados en el piso, con tres libros
sobre la guerra mundial y uno de Alemania. Así es como paso algo mágico (lo sé,
frase muy cursi), me sentí de nuevo como esa pequeña chica, que cada vez que
encontraba un libro le hacía sentir una curiosidad infinita, que yo, con dieciocho
años, rencontré sentada en un pasillo de la biblioteca. Me sentí en casa, como
si los libros me dieran un cálido abrazo, un abrazo de bienvenida. Una bienvenida
a esa ventana que ellos llegan a ser
para regalarnos una vista, ya sea, de un alma o del mundo antiguo.
Creo que mi crisis está en calma, y
no digo extinta, porque yo sé que volverá. Por qué las crisis se presentan
cuando el estado natural se altera y yo creo que esa alteración se debe a una revolución
(claro, ablando en un ámbito totalmente personal). Así es como estoy totalmente
segura de que mi visión sobre la literatura ha revolucionado, tal vez la veo más
realista y madura, más cruda, aun no lo sé y la verdad no me preocupare por eso
porque de algo si estoy segura y me tranquiliza, es que Brenda, aquella niña
que tomo entre sus manos los libros de lectura de primaria de sus hermanos por
mera curiosidad y fascinación sigue viviendo aquí, muy dentro de mí y siempre
trata de salir a la superficie para guiarme en mis decisiones, en mis nuevos
proyectos, en mi día a día.
Mientras ella siga latiendo en los
profundo de mi, creo que todo estará bien, no importa cuántas crisis se
avecinen. Lo bueno que dio signos de vida a tiempo.
Después de todo este rollo un poco
cursi y de inspiración personal solo quiero que se queden con algo. Si me ven
los viernes en la mañana o antes del mediodía con un puchero o cara de que
mundo se va acabar incluso con el ceño fruncido, NO SE PREOCUPEN, no estoy
enojada ni mucho menos tengo algo grave, solo es el hecho que es viernes y
tengo dos horas de "Desarrollo de habilidades de lectura".
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