domingo, 24 de abril de 2016

Marcas

Guardas en ti una parte de mi del pasado, guardas en ti a una yo de hace ya algunos años y estás tan acostumbrado a esa imagen que no ves este fuego que está naciendo en mí y se extiende como maribunda: tranquila, silenciosa pero letal. Eres cápsula del tiempo y catalizador, todo al mismo tiempo. Al verte con esa sonrisa bien construida, nerviosa. Me veo a mi misma con tantos sueños pueriles enraizados en las comisuras de mis labios; al ver tu ademanes de orador apasionado e ingenuo me veo a mi misma tan insegura. Tu no has cambiado nada, bueno si, pero ahi aun puedo ver esos movimientos tan antiguos, tan fáciles de leer que puedo reconocer  a mi yo del pasado tan perfectamente como puedo admirar el ser que soy ahora.

Y eso es a lo que me abrazo en momentos de sorpresiva cólera y recuerdo tu condición de catalizador en mi vida. La estrujo en mi brazos y la celebró; debo ceder en ese punto, concedente el hecho que sin tu presencia en esta corta existencia no se habría podido  convertir en vida.

Pero aqui estamos, despues de algunos años. Yo con mis ideales, tu con tu sueños, yo con mi condición de híbrida y tú, tú tan cabeza dura como siempre. Aquí estamos, tan diferente pero sin poder separar por completo estos caminos por el simple y llano hecho que yo guardo una versión antigua tuya y tú me ves a una edad que yo en algunas ocasiones quiciera regresar.

Veo tus ojos y el tiempo retrocede, veo tus ojos y ahí estoy yo tan inexperta, frágil y falta de color. Te veo y me miro caminando reluciente en medio de la noche con unos cuantos tragos a mis espaldas, con la seguridad que este escenario me pertenece y lo merezco.

Te veo, me miras. No somos más que máquinas de tiempo a las cuales recurrimos en días de nostalgia. En días que no sabemos nuestro nombre; en días que nos duele tanto nuestro presente que necesitamos embriagarnos del pasado para celebrar vetustas victorias, ya rancias e inservibles pero que nos aferramos a ellas para no sentir los fracasos que se ríen en nuestras caras a cada amanecer.

Te veo y me miras.
 Es imposible orquestar una despedida.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario