Tengo muchas preguntas últimamente. Entre la cejas se ocultan las mas improvisadas y fervientes; escandalizan mis sueños y convierten armas letales mis palabras, mi mirada y mis intenciones.Las preguntas oscilan entre el pasado, el futuro y el presente, paralelamente, van las cotidianas, las que me hacen sonreír o temblar. Cuestiono mi torso, mis brazos, mi moral.
Cuestiono mis viajes, recorro las imágenes, una y otra vez, si parar. Me detengo en el rose de tus manos, tu ser en mi lado derecho, tu mirada como pantano y me doy cuenta que he viajado en bote varias veces, ya he vivido en cientos de eras así como he bebido miles de litros de mis lagrimas saladas pero nunca me he perdido entre ráfagas de viento.
Siempre estado anclada: ya sea en la tierra o mar pero nunca he dejado volar mis miradas llenas de rosas negras ni nunca he sido una descarada, esa no soy soy yo, pero cuando el tiempo te tienta es imposible no sonreír y lanzar una que otra flecha al aire esperando que una mano conquiste esta palma tatuada por lineas desiguales que hay ves miro fijamente pensado en mi destino que ahora siento que acaricia mis cabellos y me hace desear poder ronronear.
Nunca he volado, he saltado muy alto, a oscuras y con convicción pero nunca he volado, y solamente haciéndolo podre contestar estas preguntas que se van fecundado entre mis cejas negras, negras como mis miedos. Que gritan durante la noche, durante los viajes en carretera. Gritan y gritan. se abren paso entre palabras en otro idiomas, libros pendientes, silencio densos, historias ajenas, recuerdos que guardo como reliquias. Gritan y no paran ni cuando en mis oídos están inundados por nombres ajenos.
Preguntas que ya se acentuaron en mi espalda sin ninguna peca, preguntas que me besan mi muñeca y que no importa que tanto griten no me inmutan ni un poco pues hacen vibrar esta piel que a veces siento tan vieja y anestesiada.
Preguntas, viajes, deseos de volar. Todo esto hace que un fuego vaya poco a poco conquistando un cuadro de seis por seis en mi anatomía. Anatomía que lleva consigo ya desde hace algún tiempo varias banderas regadas en distintos recovecos como medallas de niña exploradora.
Vamos a levantar el vuelo. VAMOS, VAMOS, vamos a perdernos en el ocaso de primavera, entre calles con nombres ridículos y aprendamos a ronronear. Quizás, con suerte, pueda contestar estas preguntas que nacen en mis cejas, juegan en mi nuca y las guardo en mis comisuras.
Por que esto es fuego.
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